Rectificando de placer para que no se muera
El cretácico de los dioses en el sentimiento nuclear no podrá sobrevivir a este merecimiento de amor y caeremos como un castillo de naipes realizado a partir de los espejos de nuestra mente. No voy a tolerar que me ames, no voy a tolerar ni un segundo de tu amor, ni las cenizas arrodilladas en el altar, ni el soplo de tu corazón, ni tan siquiera su arritmia, sólo empuño la costumbre de amar para decapitarte de forma samurai.
A tu lado me haces respirar como un pez de esponja como si cultivase las algas de tu corazón entre mis branquias, refugiándome en las capillas y sacristías que forman mis lágrimas con las tuyas, allí es donde solíamos acabarnos el helado de 1L, no dejes de banda la dimensión y el orgullo, la parálisis intelectual que nos alerta del elogio del grito, la construcción de nuestro ritual cósmico al besar. Déjate libre, hazte volar…
La esvástica voluntad de estar juntos
Cada noche rallábamos la cicatriz de la ola encima del cuento chino que nos habíamos montado, recuperando la sal con la que momificábamos el país de las maravillas y los procesos judiciales de nuestro amor, esa era la liturgia de cada madrugada la cual se basaba en un simple caracol pisando su propia baba, invocábamos al diablo como si fuera el conejo blanco que nos guiaría en nuestra esvástica voluntad de estar juntos, la puesta de sol al cerrar el abanico, los disturbios de nuestro helado de frutas del bosque…
Habrá mucho que construir en este infinito de cordero y parrilla, tendremos que afilar todas las traiciones y recuperar la condición insatisfecha del camino de baldosas amarillas que nos llevará hacía el campo de concentración de nuestro fracasado amor, fracasado, pero amor al fin y al cabo, amor.
La cosmogonía del desencanto
Abracé tan fuerte a aquel pobre hámster que acabé haciéndole estallar sus ojos y de su sangre ocular nacieron las estrellas y de sus lágrimas los planetas, de su crujir nació la gravedad y otras ciencias, de sus espasmos la estupidez y el fracaso y al estrujarlo este apretó sus dientes de dolor así fue como nacieron los humanos, aquel apretar de dientes largos junto a las gotas de saliva crearon la vida, sin ni siquiera entender la voluntad del porqué lo había hecho, luego lo lanzamos en parábola a la papelera y el pobre animal desnucándose contra el borde creó la circuncisión en la cual caminarían los hombres por toda la eternidad, el sufrimiento y las mareas se crearon finalmente al morir.
Y así fue como del amor que le tenía quise demostrárselo abrazandole tan fuerte que acabé matándolo y lo peor de todo no fue eso, lo peor fue que todo empezó.
Sangra color blanco para pedirme la paz
La torre capilar que renuncia a la sed de excusas, este sentimiento ocular bonito y gris, bonito y gris, bonito y gris, brillaba el sol poco a poco. Perdiendo pues su vida, le dije así, le dije así, le dije así; estamos locos, y al verla llorar le pregunté cual era su intención y su medicación favorita.
Vestida con mil despojos humanos ella apretó sus uñas contra el volante, estaba escrito, estrellas en la tostadora y ángeles que intentaban abrazarnos. Me dijo; en la cúspide de mi pirámide alimenticia estás tu y en la base tus palabras. Susurrándole el perdón desde la cama, brotando alrededor los pozos y las llamadas y abierto al fin y abierto al fin y abierto al fin, le dije que no me vendiese el alma, que si había visto las fuentes como se marchitaban que ahora en las clases de ingles ya no estaba a mi lado, y dos meses después de la encuesta sanguínea, tú y yo a la vez, otra vez.
Corazones enterrados en tierra para gatos
Vestido con el calor de la fortuna apostando contra los bolsillos llenos de bosques australianos, saltando sobre los puntos de ceniza y las puntas rotas de ilusiones, lápices e iceberg. Comencé el día desvistiendo a la noche, las chispas que saltaron al bajar el liguero rápidamente se transformaron en cruces y al ver estas lo que sucedía nos dieron la espalda para no ver la lenta máscara africana deslizándose por el desbarajuste hormonal de las montañas en la mar, y escalamos los asteroides con las capuchas rojas llenas de oro y burbujas de embalar y el negro oscuro no fue tan negro oscuro por el reflejo de la tinta sobre el reverso de la cucaracha.
El desagüe fue el único juez de la inquisición y nos impuso 57 latigazos de labios en la espalda.
Constelaciones con las astillas de tus huesos
Los vuelos cancelados dejaron desconsolada a la muchacha en el aeropuerto de Dusseldorf y esa soledad de madrugada rompió su espina dorsal para formar constelaciones con las astillas de sus huesos… con el paso de los siglos la chica se dirigió al duty-free y con el dinero que le había sobrado de las pestañas postizas compró el cloroformo verbal esperando así a que la niebla y el jet lag amainara.
Su insondable sufrimiento hizo que agarrara a aquel pobre chico estalactita durmiéndolo entre sus brazos, como si él fuese la correspondencia certificada que nunca llegó, y acurrucados en el ventanal se vieron por primera vez, como dos provincianos de la osa menor, con los aviones despegando de fondo, con los ojos abiertos y cerrados, y ella se dio cuenta que seguía siendo la cirujano que peinaba su barba con el bisturí, delimitando la parcela lunar de su tatuaje, ocultándose entre los piercing, soñando con la gastronomía austral, y siguió creyendo en la aparente dualidad, en la metafísica del matrimonio, en la apología del ángulo de la maravilla y allí fue donde apuntando hacia el resplandor del cuello de su camisa se quedó a vivir en el gatillo de su rifle.
Caperucita ahorcada en la guillotina
Me roí la venda de desgracias que descalabraba mi repentino sueño como si nunca hubiese descubierto la luz eso se debía a que el día y la noche era pienso de perro, sólo era una apreciación errónea de mi, como lo era tu repentina visión del arte, ya lo sabías, en mi apartamento todas las luces son luces de reptiles y a ti no te habían crecido los caninos aún, no podías suplicarme sueños cuando tu buscabas respuestas, cuando aún te perdías como en la primera vez que me conociste, no quieres suicidarte, nunca lo has querido, sólo querías cambiarle el agua a las lagrimas del Frankenstein de tu alma, permaneciendo como siempre, intacto a la libertad y creyendo que esto no era mas que ceros y unos que hacían que tuvieses la mejor textura para ser feliz mientras me hablabas en sueños y moralejas.
Alejado de mi propia sed descubrí la orilla y en ella mi Caperucita ahorcada en la guillotina.
La armonía desnucada de 2010
Y llegó el final de 2910 un año repleto de apartadas referencias al cielo, de errores, de velas e incienso. Y en estos últimos minutos que me quedan condecoro a mi libertad, esa libertad que empezaba a llenar tus labios y se esparcía sobre cada una de tus grietas, sobre el coma de tu piel, esa que tras varios días de intermitencia acababa por encontrar tus palabras en la cúspide de mi pirámide alimenticia, un año de intervalos y minuetos de espigas brotadas en lagrimales, de permisos y rasguños que buscaban la fe en los ojos de mi enemigo, una año repleto de telarañas, crisis y YSL, de este año solo me voy a quedar con una palabra honesta; anhedonia.
Les deseo la mejor muerte que un 31 de Diciembre se pueda desear, os amo, a ti y a ellos.-
FELIZ 2011
Barcelona la puta taconada de cuerpos celestes de San Jorge
Barcelona la puta taconada de cuerpos celestes de San Jorge, con sus impedimentos y rituales libertinos de inconsciencia, la clave de sol ambulante del mar mediterráneo, la lluvia ilegible, la ciudad del yo y del puede ser. La Barcelona que soporta la política de los necios con soberana desfachatez, la que reina la belleza costumbrista del arte de caer en ella, la que descansa en paz en los pies de Colón, de faranduleo modernista y catedrales de barbitúricos, de cultura y heridas prohibidas, la prohibición del cliché, la novena embarcación de mi convicción, mi adicción, mi absenta, mi rebelión…
A ella que rige mis cabezas como una hidra sin cuerpo, como una chica secreta escondida entre los ríos de sus calles sin alma, como una resistencia al dolor de su enjaulada iluminación, la envidia de la luna, de las mareas, de la brisa y de Dios, es mi riesgo, mi infarto de amor, mi libertad, la Barcelona de mi convicción, la espada que reside en mi vientre como las tripas que se esparcen por sus senos, la Barcelona frutal celosa de mi amor por ella y su irreverencia.
Y que el carbono-14 sea nuestro testamento
Huérfano de mi sed… abrí la cortina de terciopelo que cubría tus ojos y sin darme cuenta me vi arañándome con tus uñas, con la misma inocencia con la que peleabas por quedarte virgen, el intercambio amoral de lentillas entre el humo y las bidirecciones de espejos, el ritual de entorpecer, las excusas de la carne cruda, el champagne, las venas engullidas como si fueran tallarines, todo aquel sistema de situaciones métricas, la luna, el sol y tu rebelión.
Apartamos con la misma ira la idea de bondad como apartamos los guisantes de nuestro arroz tres delicias, seguías siendo esa maldita aplicación para iphone de una brújula que funciona por gps y yo en cambio seguía firme a mi brújula solar, esa que para saber donde está el norte necesitas al sol, sin embargo los dos soñábamos ser la brújula imantada guiándonos por impulsos de campos gravitacionales.
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