El escalímetro de tu vello



Vello de germen y anticuerpo, vello que se coagula en la oscuridad, tupido vello de pecho que se transforma en alfombra de pinchos de faquir cuando te tumbas sobre él. Vello hasta en el corazón que tiembla cuando sopla el viento, vello bien tupido, vello hasta en la sopa, vello que brilla mojado, vello bien negro, trágico y mimético. Me llega hasta la garganta y se escurre como espaguetis sobre mi alma, llega incluso a penetrar sobre el estomago como el tronco de un árbol, especulando con el calor de los dedos ajenos, bajando las raíces de su tronco velludo a la entrepierna, ampliándose y cubriendo todo en su alrededor, dedos, yemas de dedos velludos escarbando en el bosque austral, acariciándolo, peinándolo a dos manos.

Un vello de hiedra que se enzarza como espinas en el tronco produciendo cortes en la corteza cerebral, niebla de vello en la entrepierna, un manglar de vello y ramas, de riachuelos que inundan el algoritmo de leches amarradas a un ictus de orgasmo, pasión selvática regida por las lluvias torrenciales sobreexcitadas de la marea y los temperamentos de navegantes perdidos de sed y vello.

Gente inocente enzarzada en tus pestañas



Al juguete roto que sueña con la hoguera de grilletes, al suicida con paracaídas que se dirige hacia el huracán; sigue engullendo mi casa, amputando cada uno de mis ganchos por los que cuelgo como el fiambre de la cámara frigorífica de tu corazón, llenamos la lente de mi cámara de alpiste para que comiera aquel pobre gorrión desafiando las leyes de la naturaleza y al final acabó muriendo por estar enjaulado.

He nacido para oír como gemías de dolor en el orgasmo de la vida, he muerto para que las telarañas de mi cuerpo te sirvan de perchero y cuelgues tus sueños. Quiero estar confuso de la misma manera que tú confundes los segundos previos al suicidio, oyes como tus lágrimas de juguete lloran soldaditos de plomo y cuernos coralinos del ciervo fracasado de nuestra relación. Nos importamos tan poco que bailas cada noche con mi cadáver sin darte cuenta que no está vivo, no sabemos escucharnos, voy a correr el riesgo de ser trágicamente asesinado por tu olvido, lo consideraré un suicidio asistido…

Tratado sobre la partenogénesis del corazón



Notificando a la ausencia de las galaxias en espiral del polvo incinerado del amor:

Los amantes han dejado de leerse, las pautas y el rumbo han sido cambiados, están a la deriva, navegado sobre la vela agujereada por la presión acida de los sueños, se encuentran sólo al despedirse, hace tiempo que observo su campo magnético y como este separa los guisantes de la carne, las variables son aleatorias y no logro entender el sentido confuso del sentimiento, tampoco su penitencia, ni sus pestañas de cuero, estoy centrado en entender como sus pupilas de cuervo interaccionan simbióticamente con el caucho de sus parpados creando un ecosistema viciado, creo que las lágrimas de él son el gas lacrimógeno que la hace llorar, se maltratan mientras orbitan en las mascaras de zorras, el sentimiento es leve pero terriblemente dañino produciendo cortes en la piel que desembocan en costras que levitan encima de sus heridas.

La intriga se ha apoderado de mí y me ha hecho perder la idea principal de mi investigación aquella en la cual trataba de entender cómo un corazón podía reproducirse asexualmente.

El despertar de mi eutanasia de madrugada



Si, lo soy todo, absolutamente todo, el bien, el mal y tu peor pesadilla, soy el cielo, el infierno, el mar y la montaña, soy todo lo que quieras que sea y de la forma que quieras que sea, soy tu razón y tus sentimientos, la piel de gallina, el techo de tu habitación, soy el crujir de los huesos de tus manos, tus pupilas dilatadas, soy tu ritmo cardíaco, tus lágrimas y tu sonrisa, soy tu ventana abierta, tu suicidio, tus medias rotas, tu gota de sudor, soy tu sufrimiento y tu anhelo, soy los mensajes de tu contestador, soy tus números, tus tribulaciones, soy tus pulmones y tu hígado, soy las falanges de tu mano derecha, soy el patio que nunca tuviste, las orquídeas que no se marchitaron y todo lo que ocultas entre los parpados, tu todo.

Mira chata tu para mi eres el clic antes de acostarme y el no poder abrir los ojos por la mañana por la luz solar, te equivocarías si pensaras que sigo superficial a todo esto, porque respiro por tu olvido y miro al futuro con tu deseo de vuelta, todo está onomatopéicamente perfecto pero las razones siguen fluyendo y este río es un profundo y oscuro oceano escalonado que sigue su curso, te necesito siempre, aunque te entierres en todo lo que quieras en montañas de semillas o eyaculaciones estelares, pero ya sabes que todo lo que he construido es indestructible que no hay mas maneras de hacerte entender que eres libre dentro de mi jaula cerebral.

Esnifando el polvo de las alas de las mariposas




Alguna vez los cuervos nos enseñarán a no tenerle miedo a las cosas que brillan, a aunar el decibelio del pavor, a prescindir del cordón umbilical que estrangula nuestros sueños, el cobijo nos rehúye, quema tus ojos y verás el mundo empalado en tu estupidez, la mente está despejada cuando dejas de mirar el acuario de tu inutilidad en tus lágrimas de babas, cuando interpretas una verborrea viril, la moral de la distracción, el cuento de la princesa y la silla eléctrica y sólo espero que nos queden secuelas de las sabanas de huesos de aquel motel.

Hace una extraña noche apenada en conjunción con la cuerda de mi reloj, todo es tiempo, nada es fácil, he rellenado el vaso con alas de mariposas, he extraído el polvito de sus alas y me lo voy a esnifar, déjame, quiero ser libre, prepárate la purpurina, demuéstrale a tus pulmones que ellos también pueden brillar como tu alma, una muerte con purpurina y polvos de alas de mariposa en el alma es lo que andábamos buscando...

¿Y si mejor me besas y saltamos los dos al tren?

Déjame equivocarme a tu lado




Déjame comerte como si fueras mi corazón, déjame arañar tus uñas y grabar en ellas todos mis destinos, déjame comerte como si fuera el mes de abril, como si tu fueras el dulce de leche de mis dientes, déjame desearte que me ames, déjame perdonarte si no eres feliz y si te escapas al nuevo milenio, déjame empezarlo de nuevo todo a cada cuarto de hora, déjame abrazar el imperio de tus labios en esta batalla de amor, déjame jugar sucio y ser bondadoso con mis enemigos, dame permiso para hacerte vivir junto a mi en un frasco de vainilla enterrado en una botella de leche, pídeme que te haga nacer mis caricias en tu espalda y que afloren de ellas lentos camaleones con diamantes en forma de ancla tatuados en la fascinación de nuestra única y simbiótica vida, permanece digna y que las lágrimas tuyas sean gominolas con forma de gato, podemos ser amantes o amigos pero al menos déjame intentarlo.-

La idea era recuperar el tiempo perdido clavando moscas con alfileres en nuestro café



El privilegio de la rana esnifando la ceniza del incienso de la contradicción, no quería reconocimiento sólo quería la devoción de los que me odian para atarme los zapatos con sus plegarias.

Culpable de la mentalidad esterilizada de mi origen, ególatra de circunstancias irrelevantes, y sobre la línea de mi propia tortura, un guión largo para clavar las botellas de champagne, equilibrar las estatuas en la balanza y sacar las rebeliones y los nuevos síndromes de Diógenes de amistad, el ranking de la inseminación espacial de claves y prototipos, la depuradora de cuervos y mujeres en fase lactante, el gremio de actores plastificados, la generación del canalillo y la repercusión de la cremallera, una primera inteligencia que pasaría desapercibida si no fuese por el esfuerzo hitleriano al hacer el almuerzo, no dejes que los ukeleles crezcan cerca de tus sueños.

Decálogo de la electricidad estática de mi corazón




La reina de lagrimones era un travesti malformado del ego de mis pesadillas una idea de rabia y claustrofobia que se contagiaba al rebaño de ciervos de mi consciencia, una oleada de manoseadas rubias en el silencio alucinógeno de aquella crisálida de esperanza llamada a ser mi noche. Con un rápido y certero movimiento atravesó las espadas del cofre del faquir y salvó de forma piadosa el rastro de trenzas hechas con mis venas.

Nos dejó en la nevera su primer campo magnético de masturbación, su especial devoción por la cubierta del barco de mi obsesión, un repaso por las alas de la golondrina utilizadas de tirachinas.

— ¡Corre! Ven conmigo, quiero desayunarte… enséñame los dientes para ayudarte a ladrar.

El ruego de los inmorales




Ser quien eres y atreverte a perder aquello que significas para convertirte en su búsqueda, rasgarte el corazón por la libertad y la gloria de tu excepcionalidad y permanecer en la creencia que te hace único, tu propia filosofía. No dejes que los clones derrumben el imperio de belleza que has creado, que no crucen las fronteras de tu genialidad, haz que te odien por tu rareza inidentificable que vean anochecer el crepúsculo de su idiotez.

Soy el genial triunfo de la excentricidad, único en mi incomprensión, simbólico y antropófago y seguiré creyendo en mi propia razón de obrar porque esto es lo que realmente me hace libre.

El relato mitológico de tu incineración





Alístate al infierno y házmelo tuyo, házmelo saber, hazme compartir tus cristales de gafas, tu graduación, todo lo que odias y amas compártemelo todo y de vez en cuando algún rallito de sol, sabes que el tiempo llega tarde a nuestra cita, que no somos ninguna casita de chocolate, que el ritmo de la vida se deshace como una gelatina de fresa al sol, se humilde y respeta el turno de palabra de aquellas reacciones alérgicas inmortales de mi piel y ante cualquier desproporcionada razón o mutación de nuestro sueño vuelve a convertirte en mi primera voluntad, arrinconando el letargo del convencimiento y el consejo ajeno marchitado en la incandescencia del sufrimiento y en la lentitud asilvestrada ingravitacional del placer.

Extraña Liébana aún humeante que responde a mis súplicas con codazos y estruendosas ingratitudes, ahuyenta sus manos de mi estrangular y haz sonar el último cascabel de su garganta como si fuera un aullido.