Error de telegrafía



Atemorizar como verbo de asimilar el fracaso, escarcha de semen mañanera como parábola del amor, hoy toca contratar a nuestros corazones de plañideras, hoy toca amputarnos las piernas y esperar a que germinen, quedo a tu disposición para tu liofilizado amor, seguiré con el agua al cuello y sodomizando la marisma que dejaste debajo de mi cama, dile a tu papá que olvide lo de esta noche, que sermonee a otro, yo sólo dejé que lo indebido fuera constante vital en aquel preciso instante en el que ni tu ni yo supimos como detenerlo.

Tus labios son la escayola que hace crecer el vello de mis besos a oscuras



Me cubres de gloria con tus fugas tóxicas de gas propano, sacudes los cuentos de venganzas para niños sin fe, eres mi corona de flores sin haber nacido aún, una vez más subyugas mi miedo y le haces lamer mis pies de una forma obscena. Caridad con la que abres la ventana para sujetar el fuego del faro equivocado, haces saltar los plomos, tu corazón empieza a croar como una rana en celo y la humanidad se queda a oscuras retorciéndose de dolor en el suelo, muriendo rápido en un suspiro ensangrentado de moscas, y aveces me siento como el elegido para limpiarla, soy el hombre que está esperando mojado por la tormenta en medio del triangulo que forma tu ombligo y tus dos rodillas, ven llévame allí donde rompen las olas, necesito salitre para escapar de aquí...

Cuidaré lo que me dejes como si fuera la paz que nunca logré contigo



He tratado de inmovilizar la luz del flash de tu cámara en una lazada de cowboy lo he hecho para dejarte creer en planes B y vanas alternativas, he tratado de cazar tu último aliento con mi suspiro como si fuera un cazamariposas, he quemado la hierba muerta de alrededor de tus pies para que las llamas te ayuden a alzar el vuelo, pero me resigno a exhumar nuestros ídolos, nuestros símbolos, me niego a ahorcarme con tu tirante caído del hombro o desde el salto del ángel de tus pestañas, cuidaré lo que me dejes como si fuera la paz que nunca logré contigo.

Nunca podrás vencer las batallas que perdimos, llevas en los lunares la pólvora con la que me fusilaste y aunque intentes usarme de colador para separar la paja de tus lágrimas, jamás lo conseguirás.

Tu presencia me constela



El infierno apaga la luz de mi habitación cada noche, una visión de mi mismo inestable y asilvestrada de momentos felices que lloran como perras una y otra vez, una memoria de acontecimientos sucediéndose como en la constelación del lobo y la caperucita, y sigo permaneciendo encima de todas esas estrellas rotas, tumbado como si fueran pedazos de cristal, clavándose por toda mi espalda y esperando a que llegues y empieces a girarlos uno a uno para darme cuerda, pólvora y ascuas incandescentes flotando en el ambiente que hacen a su vez de nubes y estrellas, y de fondo Damien Jurado así como el que no quiere la cosa en el museo del vuelo, premeditadamente equivocados y amándonos con alevosía.

Por amor pondría una bomba en tu coche



Mi torpeza se ha vuelto crisálida para transformarse en el rápido latido del corazón de una cobaya, maletas desgastadas flotando en mi saliva, lo inalcanzable permanece húmedo en ellas, rebanándole los sesos a la inmortalidad y masturbándome con sus lágrimas... Saltando charcos de sangre coagulada con mis botas de agua nuevas, aún guardo todo tu hilo dental utilizado durante nuestra relación para hacerme un collar de perro que me aprete el cuello, hoy me he levantado más estrella del rock que nunca, así que enséñame las tetas y deja de llorar, podemos seguir creyendo que podemos llegar a ser mito o fusilar el cielo destruyendo lo azul y perverso que resulta su juicio, no tendré piedad los ángeles caerán como cascotes en llamas sobre tu pelo.

No soy esa clase de vacío que se sienta a tu lado en el autobús y te coge de la mano, ayer pasamos de la liga a lo oscuro sin explicación y yo me quedé pensando con cara de tonto; que hay algo en tu magnetismo que me lleva del subsuelo a la cúspide, y sabe bien… como tú, las bandejas golpean este suelo de mármol mientras te espío por la brecha que ha dejado el hacha en la puerta, y miro en silencio como bailas pisando los demonios que un día nos alimentaron regurgitando la comida para volvernosla a dar como si fuéramos pajarillos, y beberemos el agua bautismal con el que bautizamos nuestros archipiélagos arrasados por las tormentas tropicales de tu aliento y me arrodillaré frente a la pala de la excavadora y me dejaré atravesar por sus dientes de hierro oxidado y arena, déjame ser lo que odias de ti, luz y contratelón, abierto hasta la mortalidad de nuestro amor, nos mantenemos inmóviles y abiertos como las agujas de disección a las ranas, como las bombas que nunca llegaron a explotar y la ceniza de los volcanes subacuáticos.

Lo más parecido al optimismo son las sierras eléctricas.



He cogido la autopista y la he enhebrado en la aguja para coserte mil accidentes en tu piel mientras dices la maldición hablando en sueños, y te borro de la lista y me subo los calcetines, la lluvia moja los límites por los que incorrectamente camino, cuerda floja que aprieta más que nunca, la honestidad es tu fuerte del far west y mis excusas los indios que intentan asaltarlo, mi boca se ha transformado en una enorme hormigonera que vomita el cemento con el que enterramos a nuestras víctimas en las paredes de nuestra casita de lagartos, y dejaremos salvaje el huerto del jardín de tu madre para que las matas de tomates lleguen a nuestra cama y te quedarás como mujer del tiempo detrás de mis rodillas apartada de todo dolor, porque tu eres el cartílago de tiburón que será arponeado en la estampida de mi corazón.

Se que eres el hombre perfecto porque nunca me enamoraría de ti



Haz presión sobre mi pecho para que no me desangre de sueño, tu compañía evita la coagulación de la narcosis en el corazón, ironía de la cabezada decapitada... Cada cosa que pienso bombea primero por mis venas esperando a que corten mi aorta para dejarlas salir. Las heridas de radio te indicaron como tensar la cuerda en la interferencia exacta, disparaste hasta el fondo y me clavaste los cuernos del alce en el pecho y de ahí brotó la sangre menstrual que bebiste mientras te observaban las niñatas de instituto y las luces de neón. Y entonces me dijo su declaración de amor: Se que eres el hombre perfecto porque nunca me enamoraría de ti.

Dame tu compañía y rellena de colágeno la luz que el cáncer destruyó, tu corazón es un bisturí apunto de despegar en el cabo cañaverales, llévame lejos de tanta superficie... Quiero lamer tus ojos en blanco, pillarme los dientes con la cremallera de tu pantalón y acabar poniéndonos hasta el culo de esnifar el polvo ese rosa que sirve para hacer el algodón de azúcar.

Ofelia siempre flotará a pesar del peso de los gusanos



Mi corazón estaba tieso igual que las alas de mariposa disecadas de tu abuelo y había un coche en llamas lleno de asteroides y hormonas oculto en el barreño de uvas que iba a pisar, hoy más que nunca orbitan sobre mí miles de imprudencias que hacen trampa a aquellas muchachas desnudas del volley playa, espero que no acaben mareadas vomitando mis besos en la nuca por todo el vino, nunca os fiéis de las escuelas de golondrinas asediadas por aguijones- Baltimore nunca baila sólo, el paraíso es un espejo roto que hay que barrer, Ofelia siempre flotará a pesar del peso de los gusanos.

Besos de tungsteno iluminándose sobre mi cálido cuerpo, me sangras como ninguna.



Disfracémonos de superhéroes con ropa fluorescente, ropa interior por encima y gafas de bucear y rompamos las horribles esculturas de porcelana de tu abuela al ritmo de "Walk the Moon", bésame y empújame contra la maldita vitrina donde guarda la colección de sombreritos militares de cristal, aniquilemos su buen gusto y llenemos sus paredes forradas con papel pintado de los 60 con una dictadura de salpicaduras de amor descuartizado. Y estaré contigo porque sin ti recapacito mas de lo que es debido. Años de redención, sueños oscuros de un Dios sobresaltado en medio de la noche, así que gira la cabeza, levanta la mirada y déjalo fluir. Ahora se ha ido la luz por haberle cortado las venas a nuestros besos.-

Degüello y quemazón



Y balanceándome sobre el deseo de lo que fuimos caí hacia detrás desnucándome contra el futuro que nos quedaba por vivir, era ahora con los ojos en blanco, con la lengua vuelta en la garganta sin dejarme respirar y fuera de conocimiento alguno cuando pude ver a mi corazón cauterizado por las dudas, conduciendo hacia lo más profundo e infranqueable de las coronas de espinas de hierro de tu cárcel, siguiendo el humo de tu cigarrillo como líneas de carretera, delimitadas por despeñaderos huecos que distorsionaban lo que sentía, y entre tanta niebla, polvo y humo me di cuenta de todas las coronas de flores de la carretera, donde muchos otros habían muerto por ti y no me importaba perder o perderme o perecer, llevaba las rodillas peladas de tanto rezarte y la mente garabateada con miles de estupideces de lo que haría por ti, contigo o sin ti, y nada tenía sentido y nada tenía importancia.

Y cerré los ojos y aceleré saltando por encima de la última curva y embalsamé esa emoción para bañarte en ella cada noche y recordarme que un día fuiste una destinación imperecedera, improrrogable, imperfecta e inalcanzable de mi propia necesidad de huir sin ti.