martes, 3 de agosto de 2010

Juego con ventaja y vendaje





Siembra tu corte en el filo de una raspa de hielo empedernido y hiedra destripada. Placidez encadenada al fuego, la lenta antonomasia de la fiebre empastada a la locura descarrilada de la vagoneta espacial. Amarte, odiarse o arrojarle al cantil, conquistar las sangres transgénicas, piérdeme, picasiana razón, tripulación de ardiente polvareda de amor. Soldados que utilizan corazones de esponja, pequeñas pasiones entre el pescado de las lonjas de plantas nenúfares y contrabajos neurales de sobriedad bautizadas en aguas termales. Cloroformo en sus poros y ballestas en sus miradas flechas que carecían de firmeza en las batallas.

Y si, es por ti que mis colmillos de leche sangran, como los grilletes que me atan al juego sutil de tu mirar, de cielo e infierno sutilmente empastado en mis caries. No puedo morder tus sentimientos, solo el sonido de mi pasión, al unísono que tu despejas la única incógnita de mi ser, mi amor por usted. Amarga de Amar de Mar… absórbeme como un frío helado y congela mi cerebro, tan frío… aix… que gustico atercipoledado de hielo en un verano invernal acompañado de tus labios. Un Dios que escupa fuego por tan noble voluntad, unos ángeles encasquillados en pistolas de cascabeles, rezuma el irremediable faro a lo lejos de mi cerebro, a los barcos del corazón que se guían por su destello.