viernes, 28 de octubre de 2016

Bajo los aguijones del tiempo se esconde la miel de la felicidad



Llevo en las palmas de mis manos el dolor de todos los cuernos arrancados de rinocerontes con ellas te acaricio y aparto tu dolor. Hago que sangres para llenarte de mí saliva y demostrarte que el vacilante tiempo es un joven aliado de nuestro amor. Los aspersores de mi jardín están programados para regar el césped cada mañana con tu sangre, ¿En qué lugar nos pondrá la marea, joven amiga?, ¿En que nos hemos transformado?, somos cada lamento de los fantasmas que viven en mi imperio de polvo y mimbre.

Oxígeno, combustible, acelerador y calor



Y he hecho cima en todas tus heridas sin curar, y he cruzado caminando por encima de las agua del infierno de tus lágrimas, controlando los aludes de tu respiración que una vez sepultaron a tantos cabrones educados y con la mente sucia, he aspirado el helio de tu corazón y he comido el vómito de socializarme por ti. ¡Oh! Baby, voy a contarte secretos; mantén firme la mano sobre el puñal de tu doble moral mientras me besas, dispara justo en el centro de la clavícula, esteriliza el bisturí en absenta y recúbrelo de purpurina antes de clavarlo sobre mis pupilas.

Y sin querer te quiero, tal y como se quiere a las cosas inflamables, tal y como se quiere a las cosas que producen la combustión.

martes, 25 de octubre de 2016

Tus obsesiones son el masoquismo de mis realidades



Escribo bien, follo bien, pero hay una fuerza susurrante que me ayuda a remachar el acero de un corazón encerrado en una vida enterrada viva junto a un millón de dólares, una bonita sonrisa y un corazón de conejo blanco. Amo el veneno en el que sumerges la luna cada vez que se acerca la luna llena porque esa misma luna es la que luego uso de oblea sagrada para alimentar a mis lobos y zorras.

Labios asesinos con el filo de una hoja paralelinervia, tintineando sobre ella el rocío de sangre de una cuchilla adolescente. Yo solía ser ¿Y ahora qué? pequeña chica, dónde dejaste tus modales, es camuflaje por el amor de Dios. Castígame. Tus obsesiones son el masoquismo de mis realidades.