miércoles, 4 de mayo de 2016

Ahora que he aprendido a volar no queda cielo sin haber sido volado



A todas los incautos e incautas que cometan el error de enamorarse de mí deben saber que en mi casa no hay plomos, la razón es sencilla quiero sentir mientras manipulo mis acuarios la misma sensación que cuando acariciaba su piel, que en mi casa siempre hay papaya fresca que me recuerda al sabor de su lengua, que suelo recolectar los jugos gástricos de mis plantas carnívoras para usarlos de perfume y recordar su aroma, que guardo todos mis dibujos encima del armario junto a su caja de cerillas, que cada año cuando acaba la primavera guardo los bulbos de nardos para hacerlos nacer al año siguiente como homenaje a cuando todo se fue a la mierda y que en el sótano aún la tengo atada...

Nos encontramos ardiendo y esperamos a estar en cenizas para enamorarnos



Llévame hacia lo atemperado, lo que necesites para verlo en primera fila, como los impuros borrachos y los mártires sangrando. Como llorar a llama viva para cauterizar tus heridas, tú tienes la culpa de que te necesite tanto como al oxígeno en los ochomil metros, quiero besarte como una vez hicieron todas las alimañas salvajes que nos acechaban en aquella noche, en aquel bosque.

Atemperar



Desde el cobijo que me procura tu mirada sentí tu reflejo tatuándome la espalda, y ahí afuera en esa selva de agallas mientras mis manos brotaban humedecidas por el dolor, pude ver como esta vida ya no respondía a mas caladas, voy a besar las marcas de cuerdas de tus muñecas como si fueran los pies de algún santo para encontrar un poco de paz, para encontrar un poco de guerra.

El diablo y la matriz



Toda esta belleza es insoportable, cuando dejen de ladrar los perros tu llanto callará para siempre, está noche será la última frontera entre mis huesos y tu carne, te amo como la sarna enquistándome en tu piel cavando túneles en ella y poniendo huevos para infestarte, solo las sirenas responden a los gritos de las almas en el naufragio y es para devorarlas.

La maleza



Meter la mano entre la maleza y sentirla húmeda y fresca como la primera vez, sentirla mía. En esa maleza se ocultan los ojos acechantes y es donde creció lo salvaje, meter la mano entre la maleza y notar los bichos subiendo por dentro de mis entrañas, los aires de recuerdos y mentiras sobre esa maleza levantan el olor a lo que pudo haber sido sin fuego cruzado de por medio, meter la mano entre la maleza para notarle los latidos al diablo y quemarme y apagarme. Tumbado en esa maleza le mido la salinidad con el refractómetro de mi corazón a tus lágrimas. Tumbado entre la maleza monto mi reino para esperarte..