martes, 30 de marzo de 2010

La ablación de las constelaciones




"Durante los próximos meses estaré totalmente centrado en mi segunda obra literaria {LA ABLACIÓN DE LAS CONSTELACIONES} encerrado en mi casa de Berna, por ello tardaré mas tiempo en actualizar los post, disculpadme por no ser Dios..."


Como compensación os adelanto un trozo.-


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El agua planning de su cintura marcaría la primera guerra civil de sus neuronas y el encuentro de mi pesadilla, un submarinista muerto en una playa nudista, la diferenciación entre la gente borracha y la gente muerta era ínfima, desparramados los cubitos de su Martini dry en un iceberg, que se duerma nuestra noche en la fría luna cósmica del olvido, las croquetas de mi madre no estaban en el país de las maravillas a eso se debió su vuelta. Ser un genio y mantener el universo equilibrado es incompatible, el cuerpo de una mujer virgen es como la hoja de una endivia sin la anchoa, mi gran mensaje de defunción: mueran jóvenes.

La metaguarida de su idiotez era la cronología desvarajustada de mi deseo por conquistarla, un pequeño blade runner incrustado en una pared de azucar glasé, no marqueis a fuego lento con la erradura vuestro universo.

*Quiero que alguien me llame desde alguna estación espacial de renfe y que la comunicación sea con esos ruidos raros que hay en ese tipo de conversaciones telefónicas.

Y entre los acordes en desacuerdo de Leonard Cohen mantenía mis ojos cerrados, escuchando el eco de las conversaciones que resonaban en su boca y utilizaba mi lengua como si fuera mis dedos para palpar a modo de ciego todas mis iras escritas en braile en su campanilla.

Y un par de veces las habíamos encontrado entre tantas historias de cuna y pequeños sueños pequeños teleféricos que se encontraban entre nuestros sacrificios. Ella nunca dijo que yo fuese su dulce tragedia y no se pudieron escuchar mas lentitudes porque sus lágrimas eran el barniz de mis cosquillas una tormenta en un vaso de agua un tiranosaurio perdido entre tomates cherry.

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Y es que me enervo entre ciervos. Se desvelaba con la lencería hipocondriaca de Andromaca. Solo estoy esperando a que se calle el universo. Cinco años de intolerancia a la lactosa y ahora me ha tocado enamorarme por vía láctea.

Últimamente confundo el despecho con el desprecio, en la primera porque aparece la palabra pecho, en la segunda la palabra precio y yo nunca fui sexualmente capitalista.

El sexo es un pequeño espinario reblandecido.

Creo que nunca hemos lacrimocongeniado tan bien.

Escribo con el diamante sobre el resquebrajado espejo de mi desprecio las ablaciones extirpadas de las constelaciones, que le peten al amor, que le peten al sexo, que le peten a la reflexión y a todos ellos y a todas ellas… Jamás seréis las voluntades cognitivas de mi selenocéntria, estoy arto de las llamadas desde Casiopea… Mis b/ve"r"sos repetidos en farmacorgias branquiales solo son las cadenas de ADN que sustentan el perchero con mis abrigos de invierno, todo está compensado ahora, no era mi despecho el que guiaba mi moral sino la ortografía de mi plutonomía sentimental.

La lamida baba de la esperanza ya no se sostenía en su despecho. Y el horizonte era un terraplén de pólvora lunar en la que se podía leer: ya has llegado a la felicidad, enciende la mecha.

Odiada e hipocondríaca vivencia costumbrista, ante mi me postro en un olvidado segundo para desvanecerme en un susurro apostrofado en tu oído, cuan ligera fue tu primavida, que pesado y largo tu invernadero de palomas.




{LA ABLACIÓN DE LAS CONSTELACIONES}


Sie Kikinshka

lunes, 8 de marzo de 2010

A veces noto que he perdido notar que te he perdido





A veces conseguía el universo, otras simplemente me dejaba llevar… Estaba escribiendo nuestra noche rodeado de nuestro liderazgo, rodeado de nuestro universo y nuestra absenta y nuestro contrabajo y enalteciendo el guante unicelular perdido en nuestro a veces.

La flauta traviesa perpetró el latir de la noche, saboreando su inquilino; el oceánico índico, en las pulsaciones de mi borrachera. La noche perfecta en un Red Bull, llamadas telefónicas entre los parlamentos de sus labios, los diamantes de su perla incrustados en el Casio de 5 euros de su muñeca, Casio de plástico negro que afrontaba el Casio dorado atormentado entre cojines rellenos de mus de chocolate y plumas de limón.

Una media luz alucinógena que escondía nuestro pasado, la crisálida oculta en el reloj de arena, la incoherencia de la simbología de nuestras maneras de averiguar nuestros suicidios, su pértiga entre el maíz y las desarticuladas siluetas entre el jazz de rincones centimomentales, céntimos y mas céntimos y cortinillAs y la tarde entre tardes y la noche entre madrugadas y las madrugadas entre miradas y las miradas en devociones de cárceles emocionales que se hablaban entre silencios y carmín. Los latidos de nuestra separáfrasis que no correspondían a nuestra juventud se repetían en el paladar de su cuerpo y se perdió en la riña, se perdió en todas y cada una de sus ágoras, se perdió para siempre en un viaje a la periferia de las noches polarizadas.

A veces noto que he perdido notar que te he perdido, pero mañana yo seré un beso y tu un recuerdo clitemnestrado en un mariposario.