lunes, 8 de marzo de 2010

A veces noto que he perdido notar que te he perdido





A veces conseguía el universo, otras simplemente me dejaba llevar… Estaba escribiendo nuestra noche rodeado de nuestro liderazgo, rodeado de nuestro universo y nuestra absenta y nuestro contrabajo y enalteciendo el guante unicelular perdido en nuestro a veces.

La flauta traviesa perpetró el latir de la noche, saboreando su inquilino; el oceánico índico, en las pulsaciones de mi borrachera. La noche perfecta en un Red Bull, llamadas telefónicas entre los parlamentos de sus labios, los diamantes de su perla incrustados en el Casio de 5 euros de su muñeca, Casio de plástico negro que afrontaba el Casio dorado atormentado entre cojines rellenos de mus de chocolate y plumas de limón.

Una media luz alucinógena que escondía nuestro pasado, la crisálida oculta en el reloj de arena, la incoherencia de la simbología de nuestras maneras de averiguar nuestros suicidios, su pértiga entre el maíz y las desarticuladas siluetas entre el jazz de rincones centimomentales, céntimos y mas céntimos y cortinillAs y la tarde entre tardes y la noche entre madrugadas y las madrugadas entre miradas y las miradas en devociones de cárceles emocionales que se hablaban entre silencios y carmín. Los latidos de nuestra separáfrasis que no correspondían a nuestra juventud se repetían en el paladar de su cuerpo y se perdió en la riña, se perdió en todas y cada una de sus ágoras, se perdió para siempre en un viaje a la periferia de las noches polarizadas.

A veces noto que he perdido notar que te he perdido, pero mañana yo seré un beso y tu un recuerdo clitemnestrado en un mariposario.

1 comentario :

  1. Se acercaba el punto final de mis puntos suspensivos, un punto un final y un gran dolor ventricular.
    En la noche brillaban mas que nunca los asteriscos y las muecas susurraban sonrisas que desacompasadas bailaban la danza del vientre con los recovecos de sus silencios primitivos.
    -No te mereces ni el movimiento de mis pestañeos, le dijo el chico que miraba la vida tras los cristales ahumados de unas rayban wayfarer rojas compradas en eBay.
    -A caso tienes corazón? Le pregunté
    Y sin pretensión de contestar volví a pensar en voz alta, -A caso te quedan pestañas con las que poder cortar el hielo?
    Y el silencio se convirtió en una bonita canción de jazz.
    La noche se hundía en leche como las migajas de las magdalenas como los anillos de oro sumergidos en champán el 31 de diciembre.
    En esta guerra fría, sin tregua ni previo aviso, había abandonado la virtud, que tan sutil lo hizo en otro tiempo. A veces pienso que te mueves en orbitas concéntricas que giras y giras a mi alrededor y yo en el tuyo, pero solo eres la vida paralela de una vida que ni siquiera es la tuya y te indignas al deletrear b-i-e-n cuando en realidad quieres decir s.o.s.
    En aquella guerra fría amamantando la devoción con el cenicero vacío, tu jugabas hacer el indio y yo al vaquero y el final de los finales, ni tragedias para un perdón, ni peleas para arrepentimientos, ni fallas ni fallar ni follar, los finales siempre acaban con un punto final que no pude escribir en esta/la/nuestra/vuestra historia <-

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