viernes, 15 de enero de 2010

Azul de metileno para simulacros de emergencia





El simulacrimógeno de una esencia de cómo la causalidad mató la esperanza. ¿Que se siente cuando lo sientes todo? Aquí sentado en la primera fila de la estación esperando el inicio de la opera, la apertura glíptica de trombones corazones y tubas, el todo de ganar una mamada de inquietud, de notar la escuela de lo integral y su acrílico desvanecido amor.
Tal ves si, tal vez no…


Este año tenía la perfecta coordenada en una curva anestésica de abrazos acróbatas, nada podía fallar si calculaba la curva por el punto medio donde se cruzan todas las líneas y allí donde la nada y el todo residen encontrar un lugar donde re+posar y re+pasar mi vida. Tal vez si, tal vez no, dentro de lo que cabe, y en lo que cabe, "Dentro" me adentré en la primera circunvalación con destino a ninguna parte, como un pozo en el que se cae y te arrastra al hemisferio norte sin previo aviso, congelando la corteza de las uñas de los pies que sobresale en los calcetines, y dejar una ventanilla de tripas corazón para dejar entrar las hormigas de pies helados. Recorriendo cada recoveco de mi oxidada anatomía, recordando que el metal es más frío cuando el termómetro señala los 15 grados bajo cero.

Así encontré en la circunvalación de la calle "no me acuerdo" un sombrero perdido de olor "casi ni me acuerdo" y de ojos..."no me quiero acordar". El ventrículo izquierdo que no sabe matemáticas contaba cada uno de tus pestañeos, cada uno de tus arrebatadores pestañeos con los que solíamos cambiar el mundo del uno al otro. Yo recordaba sus prematuros abrazos en los que sus pezones sacudían mis entrañas en abrazos, recordaba sus agudos sonidos cuando me desvestía en probadores de niños y sobre todo recordaba el día que descubrí que todos los destellos que reflejaban sus dedos tocando el piano se habían convertido en las sombras de todo aquello que antes era luz.

Yo seguía siendo el mismo un figurante de dos patas bajo un sol aterrador, ni luz, ni sombras, era yo, tal vez sí, tal vez no, sin más, ni menos.
El sombrero sin contenerse movió sus dedos para tocar una nueva melodía de su sordomudo piano:
—Do, re, re, re, re, re, re,
mi, mi, mi, mi, mi, mi
mi, mi, mi
mi, mi
mi


El chico de las gafas roja, dijo:
—Si en 48 horas no encuentro al amor de mi vida me suicido


“12 horas después se había encontrado con su ex…”

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