miércoles, 24 de febrero de 2010

Un beso alveolar en tu cítara





Voy a esperar a que mis lágrimas goteen por tus colmillos ese privilegio es la sensatez en tu pelo. Demuéstrame las razones de los huertos de tus lagrimales, la historia de la niña y la tecla de ordenador. Un beso alveolar en tu cítara para que no olvides mis avestruces, para que no olvides que el tiempo ha sido viento y las puertas latitudes. No cuestiones nuestra universalidad matinal y concreta tus deseos a la simplicidad del verso, entre clemátides y farolas abrochadas al techo de mi habitación. Que la historia viaje como el láser que corrige mis dioptrías sexuales y el templo de la noche se defenestre en un Petite Suisse.

He sido la carencia de la autoflagelación en la demora de mi opción gaganista, 1 año enamorado de mi última novia, la ludopatía. No importa si has perdido el rito, ni el rifle de perlas que lamentaba mi defunción, podremos volar en la alfombra hecha con el páncreas de mi libertad aunque este siga encadenado a una lechuga de silicona.

El pleistoceno en tus nudillos, el mapa del tesoro en el velo de tu paladar, piscinas de turbantes en los domingos coronarios de bed & breakfast holandeses, el cuento de suburbanas nubes de peinetas en calderilla. Te sentías placiente nadando entre desvirtualizadas noches entre cronópios pintados de alfajores, entre canales, entre sus orificios, entre sus clases de amor, entre su crecimiento. En un golpe de estado en su corazón…

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