domingo, 25 de abril de 2010

Nosotros éramos los huesos y ellas las carnes





Las estrellas que supuran versos infinitos de luz artificial irradian procesiones de amor, rosas verdes, sol, luna y besos en espiral y yo, maldito en las galaxias perdidas dentro de los sarcófagos de Orión. Mis noches piden al cielo que desabrochen astros en tu falda crepuscular y hay desastres entre el cuello de mi broche bioquímico y el lodo marciano que se escuda en tu coche. Que tu sueño se diafane, quiero verte mas latir y menos sentir. Pensamientos remunerados y planetas en un huracán de polvo cósmico y vientre extraterrestrial.

Para que amplíen nuestras cuerdas entre el viento solar, solo yo se como atarte los zapatos con la leche de la Vía Láctea, nosotros éramos los huesos y ellas las carnes y juntos somos las luces intermitentes casadas con los elementos espaciales que practican escenificando alunizajes de alucinados átomos destruidos y física quántica encapsulada en cápsulas de alta gama y los dramas en elípticas irregulares flotando por cosas humanas. He visto amanecer en nebulosas de Paris, asteroides, meteoritos avanzando por nuestra integridad y mis palabras orbitando en engranajes de plástico, en marionetas interestelares y noches de celofán y el polvo y las carnes cósmicas yacen por vez primera en la soledad intergalaxial, Intertemporal, interespacial.

Las microondas de las lenguas de fuego de nuestras lágrimas son nuestros miedos al Pireo y al Canigó, es el hielo en cráteres de relatividad general y el cielo de metileno, asi que no te asustes porque los ojos que nos miran son telescopios de juguete que observan nuestra magnanimidad porque juntos somos Titanes sin embargo un día fuimos huesos y carnes, tendones, discusiones e infinito y mi amor una implosión cósmica, cultivando Hubbles en el desván y bebiendo de Marte y notando las penas en quarks, en mi protogalaxia laboral, harto de hipótesis descabelladas. Nosotros éramos los huesos y ellas las carnes que inundaban mis sonrisas chocadas en el acelerador de partituras de Suiza.

En vasos de anisotropía y café cortado cósmico, no me desflores porque solo quiera hidrógeno y simetría, neutrinos, teoremas, leyes y algoritmos que me expliquen porque ya no estás, porque solo queda materia muerta interestelar en mi habitación y las constelaciones son chinchetas que me apuñalan al despertar, que yo me había perdido en el agujero negro de mi soledad universal, que aunque no me quieras tengo una supernova en el corazón y me lamento al pensar en el efecto solar de tu indisponibilidad, así que mantendré las constantes Cosmológicas de mi desamparo en el calendario, con la chica del mes, satélites enfrentados en corazones bautizados en universos paralelos de cuando nosotros éramos los huesos y ellas las carnes.

Oxigenaré por siempre jamás el deseo impoluto de verte feliz lejos de mí.

Para Anabel

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