sábado, 5 de febrero de 2011

Constelaciones con las astillas de tus huesos





Los vuelos cancelados dejaron desconsolada a la muchacha en el aeropuerto de Dusseldorf y esa soledad de madrugada rompió su espina dorsal para formar constelaciones con las astillas de sus huesos… con el paso de los siglos la chica se dirigió al duty-free y con el dinero que le había sobrado de las pestañas postizas compró el cloroformo verbal esperando así a que la niebla y el jet lag amainara.

Su insondable sufrimiento hizo que agarrara a aquel pobre chico estalactita durmiéndolo entre sus brazos, como si él fuese la correspondencia certificada que nunca llegó, y acurrucados en el ventanal se vieron por primera vez, como dos provincianos de la osa menor, con los aviones despegando de fondo, con los ojos abiertos y cerrados, y ella se dio cuenta que seguía siendo la cirujano que peinaba su barba con el bisturí, delimitando la parcela lunar de su tatuaje, ocultándose entre los piercing, soñando con la gastronomía austral, y siguió creyendo en la aparente dualidad, en la metafísica del matrimonio, en la apología del ángulo de la maravilla y allí fue donde apuntando hacia el resplandor del cuello de su camisa se quedó a vivir en el gatillo de su rifle.

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