viernes, 4 de marzo de 2011

Sangra color blanco para pedirme la paz





La torre capilar que renuncia a la sed de excusas, este sentimiento ocular bonito y gris, bonito y gris, bonito y gris, brillaba el sol poco a poco. Perdiendo pues su vida, le dije así, le dije así, le dije así; estamos locos, y al verla llorar le pregunté cual era su intención y su medicación favorita.

Vestida con mil despojos humanos ella apretó sus uñas contra el volante, estaba escrito, estrellas en la tostadora y ángeles que intentaban abrazarnos. Me dijo; en la cúspide de mi pirámide alimenticia estás tu y en la base tus palabras. Susurrándole el perdón desde la cama, brotando alrededor los pozos y las llamadas y abierto al fin y abierto al fin y abierto al fin, le dije que no me vendiese el alma, que si había visto las fuentes como se marchitaban que ahora en las clases de ingles ya no estaba a mi lado, y dos meses después de la encuesta sanguínea, tú y yo a la vez, otra vez.

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