Pros y peros



La vid retorciéndose sobre nosotros como la cadera de Laocoonte, sonríele a la aldea beata, y volvamos a ese alambique lleno de tu esencia que tantas veces germinó las semillas en nuestra inacabada atmósfera cerrada.

Cuando el caos te retire la silla para que te sientes y busques en un plato caliente el origen de ese dolor, recuerda la exhumación de nuestros cuerpos frente a la realeza, el tacto de los guantes de látex, recuerda que una vez fuimos trofeos de caza inmortalizados en una foto en blanco y negro. Cada centímetro de presión de la mandíbula de la tortuga caimán donde nos enamoramos.