domingo, 19 de diciembre de 2010

Y que el carbono-14 sea nuestro testamento





Huérfano de mi sed… abrí la cortina de terciopelo que cubría tus ojos y sin darme cuenta me vi arañándome con tus uñas, con la misma inocencia con la que peleabas por quedarte virgen, el intercambio amoral de lentillas entre el humo y las bidirecciones de espejos, el ritual de entorpecer, las excusas de la carne cruda, el champagne, las venas engullidas como si fueran tallarines, todo aquel sistema de situaciones métricas, la luna, el sol y tu rebelión.

Apartamos con la misma ira la idea de bondad como apartamos los guisantes de nuestro arroz tres delicias, seguías siendo esa maldita aplicación para iphone de una brújula que funciona por gps y yo en cambio seguía firme a mi brújula solar, esa que para saber donde está el norte necesitas al sol, sin embargo los dos soñábamos ser la brújula imantada guiándonos por impulsos de campos gravitacionales.

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