miércoles, 26 de septiembre de 2012

Se que eres el hombre perfecto porque nunca me enamoraría de ti



Haz presión sobre mi pecho para que no me desangre de sueño, tu compañía evita la coagulación de la narcosis en el corazón, ironía de la cabezada decapitada... Cada cosa que pienso bombea primero por mis venas esperando a que corten mi aorta para dejarlas salir. Las heridas de radio te indicaron como tensar la cuerda en la interferencia exacta, disparaste hasta el fondo y me clavaste los cuernos del alce en el pecho y de ahí brotó la sangre menstrual que bebiste mientras te observaban las niñatas de instituto y las luces de neón. Y entonces me dijo su declaración de amor: Se que eres el hombre perfecto porque nunca me enamoraría de ti.

Dame tu compañía y rellena de colágeno la luz que el cáncer destruyó, tu corazón es un bisturí apunto de despegar en el cabo cañaverales, llévame lejos de tanta superficie... Quiero lamer tus ojos en blanco, pillarme los dientes con la cremallera de tu pantalón y acabar poniéndonos hasta el culo de esnifar el polvo ese rosa que sirve para hacer el algodón de azúcar.

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