miércoles, 2 de diciembre de 2009

Un inquisidor con body milk entre asteriscos





Éraser una vez un gato en el desierto,, el minino no tenía realidades suficientes para ser feliz, y como no, convirtió nociones de ofidiomática en retorcidas acusaciones, encontrando así su follar de delirios rociero, ella, una atapuerca.

El gatete de terciopelo nos encontraba en la cresta de la ola co”r”diocópica, mil pleonasmos en su áspera lengua efervescente, hermanos, en el juicio final que cubría la anatomía del criterio erróneo de un aprendizaje maquinero, esa flor de Hércules en sus egagrópilas…

Un main stream de pragmitud proporcionada, la curiosidad era una presa fácil para él, los sacapuntas, quizás le sirvieran para amasar la meuca de misantrópicas filantropias en sexto grado.

Un inquisidor con body milk entre asteriscos, un cuarteto de cuerda para piano, viola, violín y radiador, un tan humilde como un emirato, un sigo siendo ese escritor hooligan del simbolismo y la metáfora, un porculero que individúa, un yo soy aquel que cada noche te persigue, un enfermo perdido en una dicotomía, un oráculto de amor en la piel venenosa de un armadillo, un sevillano, un pequeño batracio tomcruisinesco, un he dejado mis huellas en tu congelador, un éraser un gato en el destierro.

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